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Mama always said life was like a box of chocolates. You never know what you're gonna get. (Forrest Gump)

24 de septiembre de 2008

Interesante pensamiento de Mariano Grondona sobre el derrumbe de Wall Street, el discurso de Cristina, y su vision filosofica de las economia mundial acutal. Buen trabajo.

Esta semana, cuando anunció la destrucción de la "burbuja" capitalista de Wall Street, comparando su fragilidad con la supuesta fortaleza de la economía argentina, la presidenta Kirchner se aventuró por un territorio que le es desconocido. De haber tenido que defender su tesis ante una mesa examinadora en lugar de la claque de funcionarios que invariablemente la aplauden, quizá Cristina habría conocido el sinsabor de un severo interrogatorio porque ni el capitalismo es lo que ella sostiene ni la economía argentina está en la situación que ella proclama.

Ha habido y habrá burbujas, por cierto, en el capitalismo, pero éste no consiste en sus burbujas, sino que es, al contrario, el único movimiento económico revolucionario de la historia. Eso no quiere decir que el capitalismo sea, por definición, benévolo o solidario. Como toda obra humana, tiene su lado sombrío. Por eso me atrevería a recomendar a todos aquellos que lo demonizan alegremente, como acaba de hacerlo Cristina, la definición que propuso el economista austríaco Joseph Schumpeter cuando sostuvo que el capitalismo es, en el fondo, un despiadado proceso de destrucción creativa.

Esta noción se acerca a la ley de la evolución de las especies que formuló Charles Darwin. En su lucha por la supervivencia, unas especies progresan y otras sucumben, de modo tal que sólo algunas de ellas, las más aptas, prevalecen finalmente. Es cruel, pero es real. En forma comparable, cuando las empresas son sometidas a la dura ley de la competencia, sólo algunas de ellas crecen y se multiplican mientras otras quiebran. Que algunas empresas quiebren es, sin duda, doloroso. Pero si quisiéramos salvarlas a todas de la ley de selección de la competencia, todavía viviríamos en la Edad Media. Nadie quebraría. Nadie, tampoco, progresaría. Lo ideal sería, por supuesto, que ninguna empresa quebrara y que todas progresaran, pero esta visión es sólo una rosada utopía. Una Argentina que insistiera en subsidiar a casi todas las empresas como hoy lo hace el Estado kirchnerista quizá salvaría su alma, pero condenaría al mismo tiempo a la economía, dejándola al margen del único movimiento revolucionario que ha traído consigo la Edad Moderna: precisamente, el capitalismo.